El Patronato de Turismo de Castilla La Mancha ha decidido reactivar la Ruta de Don Quijote inaugurada en 2.005 coincidiendo con el IV centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. Más de 2.500 km, 148 pueblos y ciudades componen esta ruta que representa los lugares históricos y espacios naturales que atravesó el ‘ingenioso hidalgo’ a lo largo y ancho de nuestras cinco provincias, en sus tres salidas en busca de aventuras. Para los que no dispongan de tanto tiempo, os planteamos un recorrido alternativo respetando el trazado original que goza de la distinción de Itinerario Cultural Europeo.

Arrancamos en Toledo, la capital, declarada por la UNESCO Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Para conocer en profundidad el significado de la tan manida etiqueta ‘ciudad de las tres culturas’, basta con recorrer las intrincadas calles de su Casco Antiguo, un laberinto que concentra decenas de sinagogas, iglesias y otros edificios de diferentes estilos (árabe, romántico, gótico, mudéjar, renacentista…)

De visita obligada, también en la provincia, Nambroca y el castillo de Almonacid de Toledo. Tras su paso nos encontramos con Tembleque, que alberga una de las plazas mayores más bellas de La Mancha, rodeada de soportales de columnas de granito y corredores de madera del siglo XVII.

Los molinos de La Mancha

Atravesando Villacañas, con sus famosos silos subterráneos, aparecen dos ramales, uno por Quero y otro por el complejo lagunar de Alcázar de San Juan, con una variada fauna avícola, hasta llegar a Campo de Criptana. Este es sin duda uno de los pueblos más representativos de la ruta, por sus antiguos molinos centenarios, de los cuales tres conservan el mecanismo original del siglo XVI.

En este punto del camino, nos aproximamos a El Toboso, lugar de nacimiento de Dulcinea, la enamorada de Don Quijote, y en donde ahora se puede visitar el museo Cervantino, uno de los que mayor número de ejemplares conserva de esta novela.

Tres días de aventuras

Dirigiéndonos al sur, en dirección Ossa de Montiel, en la provincia de Albacete, se ubica la cueva de Montesinos, en la que Don Quijote se quedó dormido una hora, lo que le sirvió para fantasear sobre tres largos días aventuras.

Girándonos hacia Ciudad Real, paramos en Almagro en donde disfrutar de su pintoresca Plaza Mayor y de su Corral de Comedias del siglo XVII, el único que se conserva en perfecto estado de esa época.

A pocos kilómetros se encuentra el parque Nacional Tablas de Daimiel, otra parada obligada para disfrutar de su espectacular reserva natural. Y de ahí el final del camino, en Argamasilla de Alba, donde se encuentra la cueva de Medrano. La mayoría de estudiosos coinciden en señalar que fue ahí donde empezó a escribir Cervantes el Quijote durante los meses que estuvo preso.

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