Una cuenta bancaria es el instrumento básico con el que comienza nuestra relación con una entidad en concreto. Un contrato que da fe de que depositamos un importe en efectivo para que sea custodiado por ella y del que podremos disponer de forma inmediata, parcial o totalmente. Ahora bien, dependiendo de las condiciones y cláusulas que firmemos nos vamos a encontrar con diferentes tipos. ¡Veamos!

La característica más importante en cuanto a la forma de disposición diferencia entre la cuenta corriente, asociada a un talonario de cheques para disponer de efectivo y efectuar pagos, siendo el extracto la manera de reflejar los movimientos; y la cuenta o libreta de ahorro, que se instrumenta bajo una libreta o cartilla en la que se reflejan los movimientos de la cuenta y nos permite disponer, realizar pagos e ingresar en cajeros.

Las cuentas son la base fundamental para poder instrumentar un depósito a plazo, tarjeta de crédito o débito, un préstamo, plan de pensiones, seguros o cuenta de valores.

Además, podemos encontrar también diferentes tipos de cuenta dependiendo de la finalidad del dinero depositado en ellas como la cuenta ahorro vivienda, en la que recibiremos un interés por depósito realizado y tendrá la finalidad de adquirir o rehabilitar una vivienda o la cuenta joven, con servicios asociados a los más jóvenes, como tarjetas, acceso a internet y ventajas relacionadas. Para las empresas, las cuentas de tesorería, que facilitan los cobros y pagos de circulante habituales de las empresas.

En la actualidad, cada vez está más en desuso tanto el uso de talonarios como el de libretas, siendo los dos tipos de cuenta cada vez más similares. Y simplificando así la mayoría de los productos que podemos encontrarnos en el mercado.

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