El bitcoin está dentro de la familia de las criptodivisas o monedas digitales. Su principal diferencia con el sistema monetario convencional –el dinero fiduciario- es que además de carecer de un respaldo en metales preciosos (como antiguamente), está descentralizada, es decir, ningún organismo estatal o supranacional asume responsabilidad sobre su emisión y movimientos como sí ocurre con el dólar en la Reserva Federal o el Euro en el Banco Central Europeo. Otro rasgo característico de este mecanismo de pago virtual es que no requiere de intermediarios.

Es la ley de la oferta y la demanda quien regula la cantidad de bitcoins en circulación así como su precio. Existen diversas casas de cambio donde se pueden comprar y vender bitcoins con moneda real (euro, dólar, yuan…) y, siguiendo las reglas del mercado, cuanta más demanda exista, mayor será el precio.

Cada día se llevan a cabo unos 58.000 pagos con esta moneda virtual, que superan al año los 1.500 millones de dólares, según datos de la Bitcoin Foundation. Su valor actual se sitúa por encima de los 260 euros aunque han llegado a alcanzar los 1.200 dólares.

Nunca habrá más de 21 millones de bitcoins

A nivel usuario, el bitcoin es básicamente “dinero en internet” pero su creación atiende a una lógica matemática que limita y regula la creación de bitcoins hasta un tope de 21 millones. Los responsables de crear y gestionar las transacciones con esta moneda son los llamados mineros y para evitar falsificaciones o duplicidades, generan bitcoins a través de un algoritmo matemático que, a priori, otorga a cada uno un carácter único.

¿Es seguro?

Los bitcoins se almacenan en un monedero virtual en el que hay que darse de alta para poder empezar a realizar transacciones. Aunque cada vez más empresas de todo tipo (bufetes de abogados, telefonía, restauración…) aceptan el bitcoin como medio de pago, existen riesgos potenciales que ponen en duda su viabilidad.

Este sistema sin intermediarios y en el que las transacciones son anónimas (la validación se realizan mediante un código, no un nombre real o DNI) da lugar a que se puedan financiar actividades ilícitas o blanqueo de capitales. Además, a pesar de las mejoras anunciadas en materia de seguridad, el robo de bitcoins ha sido recurrente en diferentes plataformas.

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