El aval es un contrato entre tres partes que garantiza o asegura que se vayan a cumplir en el plazo estipulado el cumplimiento de algún tipo de obligación. En este acuerdo intervienen la figura del avalista, quien ratifica su compromiso de hacer frente a dicha obligación contraída por el avalado y, un tercero, bien empresa o persona, que sería el beneficiario del aval en caso de que no se cumpliese el contrato.

Dependiendo de la obligación que garantice el aval se diferencian en dos tipos: avales técnicos y avales financieros. En los primeros, el avalista más que garantizar el pago de una determinada cantidad de dinero, da fe de la capacidad técnica, profesional o mercantil del avalado ante por ejemplo, un concurso público, un proyecto concreto de construcción, frente a maquinaria que vaya a vender el avalado, etc.

Los avales financieros, con los que estamos más familiarizados, se utilizan para asegurar el pago de operaciones financieras o comerciales como títulos de deuda, pagarés o el aplazamiento en el pago de impuestos o en la adquisición de cualquier clase de bien. En la práctica funcionan como un seguro frente a la eventualidad de impago.

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