La amortización es uno de los conceptos que no pueden faltar para completar tu léxico de cultura financiera. Este término puede ser utilizado en dos escenarios prácticamente opuestos: el contable, referido a un activo, y el financiero, si se utiliza sobre un pasivo.
Desde la lógica contable la amortización indica de forma numérica la pérdida de valor o depreciación que un activo sufre con el paso del tiempo, una devaluación que afecta a la cuenta de resultados de la empresa, sobre todo, si se trata de una inversión que acarrea una gran suma de dinero y que pierde valor durante varios ejercicios económicos.

El valor que va perdiendo, por ejemplo, una máquina a lo largo de su vida útil, desde el punto de vista contable no se puede imputar al último ejercicio porque descuadraría las cuentas de la empresa ese año. Lo que se hace en este caso es repercutir el gasto en varios años, es decir amortizarlo.

Por su parte, la amortización del pasivo, término con el que el común de las personas está más familiarizado, indica el reembolso gradual de una deuda o préstamo a través de una cuota compuesta por capital o principal más intereses y distribuido a lo largo del tiempo.

Los tipos de amortización que nos podemos encontrar son la amortización pactada o de cuotas ordinarias, en la que se acuerda previamente el pago de las cuotas con un periodo de tiempo definido. Y el otro tipo es la amortización anticipada, en el que la devolución se realiza fuera del sistema de cuotas, reduciendo únicamente la parte de capital y por tanto recalculando los intereses pendientes.

Dentro de la amortización anticipada, podremos hacerlo parcialmente antes del plazo establecido, y por un importe inferior a la totalidad del capital pendiente; o cancelación total, en el que cubrimos la totalidad del capital pendiente y acabamos así con la vida del préstamo.

En cuanto a los métodos utilizados, el más usual es el sistema de amortización francés, con el que asumimos cuotas constantes durante toda la vida del préstamo y en cada periodo se van pagando menor proporción de intereses, es decir, que los primeros años pagamos más cantidad de intereses que en los últimos años.

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